martes, 17 de julio de 2007
La ministra que no lo fue

La ahora ex ministra de Economía, Felisa Miceli, llegó a su cargo en diciembre de 2005 como sucesora de Roberto Lavagna, una figura que había ganado peso propio en el gabinete del personalista Néstor Kirchner. Miceli prometía ser la ejecutora obediente de las decisiones económicas que tomara el Presidente. Y eso fue.
No sobresalió en lo personal por ninguna medida creativa o por algún plan que intentara pensar la problemática económica más allá del cortísimo plazo. Tampoco le dio a las provincias las respuestas de fondo que demandan, como por ejemplo, una reestructuración completa de la deuda que los distritos tienen con la Nación o la quita de una vez por todas del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), el índice que actualiza por inflación el grueso de la deuda que tienen los gobernadores. Continuó haciendo lo que hicieron sus antecesores: firmó 11 convenios de asistencia financiera a las provincias por casi 5.000 millones de pesos, de los cuales 300 millones fueron suscriptos por Córdoba.
Tampoco encaró una auditoría integral del déficit previsional de la Caja de Jubilaciones de Córdoba, de modo de determinar al detalle de cuánto se tiene que hacer cargo la Nación en lugar de mandar fondos a cuenta, tal como espera hacer con los 600 millones de pesos en 2007. Una auditoría que está prometida desde el año 2000, y que tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia adquiere todavía más relevancia porque calcularía la vigencia plena del 82 por ciento en los haberes de los jubilados, sin el polémico decreto 1.777 que el miércoles pasado fue declarado inconstitucional.
Al contrario de lo que marca la tradición argentina en materia de ministros de Economía, con figuras resonantes como Domingo Cavallo o Roberto Lavagna, Miceli asumió para no serlo: le dejó así el lugar limpio a Kirchner, quien es el que verdaderamente maneja los hilos de la política económica.
Su salida entonces termina siendo mucho más resonante que sus pálidos 20 meses de gestión.
Miceli no se fue porque la Justicia haya comprobado que efectivamente se alteró la medición del índice de precios que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), ni porque el impacto de la crisis energética en la industria haga prever una nueva escalada de precios y desabastecimiento de mercadería o porque todavía el 41 por ciento de los argentinos trabaje en la informalidad.
Se fue porque no pudo dar explicaciones satisfactorias sobre el origen y el destino de una bolsa de dinero que le encontraron en el baño de su despacho. Improlijo, vergonzoso si se quiere. Propio de quien se cree dueño de una impunidad que nadie puede romper.
 
posted by Laura González at 13:16 | Permalink |


1 Comments:


  • At 17 de julio de 2007, 17:02, Blogger Esteban Casadey

    Ok, y ahora ¿en qué nos cambia la salida de Micelli? Por ahí queda el sabor de victoria en la boca de Lanata. Tal vez algún misógino se sienta contento. Quien sabe.
    Lo que si sabemos es que Kirchner seguirá comandando la economía ¿y eso está mal?
    Hace unos años los editorialistas decían que el "poder" de Lavagna era casi mayor al del presidente. Unos usaban este argumento para limar a Kirchner, otros para decirnos que: ¡¿Como puede ser que un ministro -al que no eligió nadie- tenga más poder que el mismísimo presidente?!
    También recuerdo el escándalo montado alrededor de los superpoderes de Cavallo y la creación por parte del mismo de un gobierno paralelo omnipresente tanto con Menem como con De la Rúa.
    Entonces ¿cuál es el problema con Felisa?
    Ella se fue y no hubo corridas bancarias, ni caídas abruptas de la bolsa, ni estampida del dólar, ni escenas de pánico en la city.
    Me parece que es solo hacer leña del árbol caído nombrar todos los fracasos de la Micelli y en el medio mezclar lo del INDEC cuando justamente se sabe que la gran pelea de fondo fue la disconformidad de la ministra sobre los manejos de Moreno en la institución.
    Finalmente agrego que ni uno solo de los problemas que le achacás a la ex ministra se le acercan al tobillo de los que generaron grandes figurines impuestos por el FMI y que justamente planificaron la miseria, la desindustrialización y el país de dos pisos que se instaló en lo 90. La gestión de semejantes próceres del mercado estuvieron bien lejos de ser "pálidas", pero nos dejaron en la lona, blancos de bronca e impotencia.